En Morille, un municipio salamantino donde viven poco más de 200 vecinos entre la tranquilidad y la calma que aporta un lugar rural, este verano se ha respirado un ambiente distinto. Entre chapuzones, sonidos de bicicleta y meriendas que saben a chocolate, las tardes en el pueblo se han teñido de diversión y ritmo gracias a la llegada de Mohamed, un niño saharaui de 10 años que participa en el proyecto ‘Vacaciones en Paz’, de la ‘Asociación Amigos del Pueblo Saharaui’.
“Llegó a España el 20 de julio. Aunque en principio los niños iban a venir a principios del mes, finalmente aterrizaron el día de mi cumpleaños”, explica con ilusión María José, madre de Nora y Martín, de 14 y 13 años. Según cuenta, su familia ya estaba acostumbrada a tener la diversidad y la tolerancia por bandera: “Mi pareja, Manuel, acogió a un niño saharaui llamado Enhamed cuando este tenía 8 años. Después de haber venido a España durante cuatro veranos seguidos, le diagnosticaron un grave problema de espalda por el que tenía que ser operado en nuestro país”, explica. Tras conocer esto, Manuel decidió abrirle las puertas de su hogar definitivamente. Hoy, con 20 años, Enhamedha completado un grado medio en Mecánica, trabaja en el Ayuntamiento de Morille y se ha convertido en una pieza clave para la acogida de Mohamed: traductor, confidente y puente cultural entre dos mundos.
Una decisión basada en la educación: “Es esencial conocer de cerca otras realidades”
La decisión de adentrase en esta nueva aventura fue, según cuenta la familia, “de un día para otro”. Mohamed, después de haber tenido una mala experiencia en la ciudad de León el verano pasado, corría el riesgo de quedarse sin familia de acogida para este año 2025. Ante esta situación, Ángeles Giménez, la presidenta de la ‘Asociación Amigos del Pueblo Saharaui’, “que hace una labor realmente encomiable”, no dudó en contactar con esta familia, ya experimentada en la acogida y la aceptación.
Ante esta petición, María José y Manuel no tardaron más de unos días en aceptar. “Finalmente, tras valorarlo, dijimos que sí. Pensamos que, por vivir en un pueblo y tener hijos cercanos a su edad, iba a ser una muy buena experiencia para él”, explican, añadiendo también lo enriquecedora que sería esta aventura para Nora y Martín: “Es muy importante conocer de cerca otras realidades, saber que hay partes del mundo más desfavorecidas y que nuestro planeta sufre una desigualdad evidente. Por ello, intento educar a mis hijos en la diversidad”. De esta manera, después de esta profunda reflexión y teniendo en cuenta la ventaja de contar con Enhamed, una persona cercana a la cultura de Mohamed que “habla español a la perfección”, optaron por ofrecerle a este niño de 10 años la oportunidad de tener un verano alejado de sus cotidianas carencias y del calor extremo sufrido en el Desierto del Sáhara.
Valoración de la experiencia
A partir de ese 20 de julio, comenzó un verano lleno de aprendizajes, experiencias y mucho cariño. Aunque al principio Mohamed se encontraba algo reticente, enseguida se adaptó y se integró a la perfección, creando así un verano protagonizado por el juego en la calle, nuevos amigos e infinitas aventuras: “En definitiva, la experiencia está siendo muy enriquecedora, tanto para él como para nosotros”, concluye María José con mucha ilusión.
Durante este mes y medio, los momentos de tranquilidad gracias al entorno rural han contrastado también con el ambiente de celebraciones como bodas, bautizos, fiestas de cumpleaños y días en la playa, ofreciéndole así a Mohamed conocer varias caras de la misma moneda. Dentro de un calendario abarrotado de planes, destacan los últimos tres días del mes de agosto, en el que Mohamed podrá conectar de nuevo con su familia biológica: “Hace unos cinco años que no ve a su madre, que se encuentra en el Hospital de Elda, un municipio de Alicante, ingresada por una enfermedad muy grave”, detalla María José. En cambio, gracias a su familia de acogida, este niño de 10 años abrazará de nuevo a su madre y a sus dos hermanas, algo que le acercará de nuevo a su esencia, a su origen.
Aceptar las diferencias y primar la tolerancia
A pesar de la tan positiva valoración que recibe esta experiencia, ciertas carencias y desigualdades han salido inevitablemente a la luz durante este tiempo de convivencia. María José cuenta cómo, en ocasiones, Mohamed resalta las diferencias que percibe en el Sáhara respecto a España: “Alguna vez nos ha recordado que en su país no pueden comer siempre que quieren. Nos ha mencionado también que a su abuela le falta una pierna por la guerra y, en general, que su familia es muy pobre”. Algo que también estremece es la conexión que, tal y como cuentan, Mohamed siente por la guerra de Gaza, resaltando frases como “estamos al lado y allí están matando a los niños”.
Conscientes de estas carencias, su familia de acogida está haciendo todo lo posible para que, durante el tiempo que está pasando en su casa, Mohamed reciba la atención y el cuidado necesarios. En esta tarea, uno de los mayores retos ha sido la higiene: “Le hemos tenido que enseñar cosas básicas como lavarse los dientes”. En este contexto, María José hace una mención especial a Charo López Casero, una dentista “muy altruista” que le ha quitado siete dientes y le ha empastado seis gratuitamente: “Hay que dar las gracias a esas personas que, sin pensárselo dos veces, hacen el bien sin pedir nada a cambio”
Dentro de este ambiente de respeto, generosidad y tolerancia, desentona un desagradable episodio racista en un municipio zamorano llamado Peleas de Abajo: “Un grupo de niños se burló de él, hasta el punto de meterle chorizo en la boca. Fue doloroso, porque cuando no hay educación en tolerancia y diversidad, lo que falla es la raíz: los adultos”, explica apenada María José, que recuerda también que, tras este encontronazo, no dudaron en irse a la playa “para olvidar la situación”.
“Nos encantaría que volviese”
La familia lo tiene claro: quieren repetir la experiencia. A través del programa ‘Vacaciones en Paz’, cada niño puede ir a España durante tres o cuatro veranos, por lo que Mohamed todavía puede regresar al menos un año más. Incluso se plantean ir más allá dándole, en un futuro, la posibilidad de estudiar en España: “Es muy maduro e inteligente para su edad. De 42 alumnos que son en clase, el suele ser de los primeros”, dicen orgullosos. Por ello, ven posible que acceda al programa ‘Madrasa’, encargado de financiar los estudios en España a quienes logran destacar.
La valoración, a punto de terminar el verano, no podría ser más positiva: “Animo a cualquiera a que se decida a acoger. Es una experiencia preciosa y no supone tanto como parece”, subraya María José. En conclusión, la acogida ha desbordado a toda la familia: la madre de María José, por ejemplo, lo trata como a un nieto. Disfruta de sus dibujos y cuadros, pues Mohamed tiene un gran talento artístico, y lo echa de menos cuando no está en el pueblo.
Toda esta alegría invita a preguntar por su sensación ante la partida de Mohamed y los demás menores a su país natal, que se llevará a cabo el próximo 1 de septiembre. Sorprendentemente, no tienen esa sensación de tristeza, debido a los “múltiples y continuos planes que hacemos”. Además, tienen la certeza de que, en un tiempo no muy lejano, podrán acoger de nuevo a Mohamed porque, en definitiva, ya es parte de la familia.
Lo que empezó como un gesto solidario se convirtió en un vínculo real, donde distintas generaciones han sabido abrirse a otra cultura y acogerla con naturalidad y cariño.