El alcalde de Santa Marta abre una nueva etapa en La Salina acompañado de una fuerte expectativa de cambio entre alcaldes y cargos municipales, que esperan una Diputación más cercana, accesible y volcada en escuchar y resolver los problemas de los pueblos-
La llegada de David Mingo a la Presidencia de la Diputación de Salamanca supone mucho más que un relevo de nombres en el principal despacho de La Salina. Su desembarco abre una nueva etapa y, sobre todo, genera importantes expectativas sobre un cambio en la manera de relacionarse con los municipios y con quienes los gobiernan.
Mingo llega desde la política municipal. Desde los problemas cotidianos de un ayuntamiento, el contacto permanente con los vecinos y la experiencia de gobernar Santa Marta de Tormes, una localidad compleja que durante los últimos años ha experimentado una profunda transformación.
Pero llega también en un momento en el que una parte de las bases, alcaldes y concejales venía reclamando una forma diferente de ejercer la política provincial y un cambio real y efectivo.

Durante la larga etapa de Javier Iglesias se consolidó un modelo de Presidencia que algunos cargos municipales y voces internas han percibido como distante, muy cerrado en torno al núcleo de la institución y, en ocasiones, difícilmente accesible para alcaldes y representantes de los municipios. Entre esas críticas se ha llegado a utilizar el término “elitista” para describir una forma de funcionamiento que consideraban demasiado alejada de la realidad cotidiana de los pueblos.
Es una percepción política y no un hecho objetivamente medible, pero ayuda a explicar las expectativas que acompañan al relevo. Porque precisamente ahí aparece uno de los principales contrastes que se esperan con Mingo.
Escuchar, atender y solucionar. Tres conceptos sencillos que resumen la forma de ejercer la política que muchos alcaldes esperan encontrar ahora en La Salina. Una Diputación en la que resulte más sencillo llegar hasta su presidente, trasladarle directamente un problema y encontrar una administración dispuesta a buscar una respuesta.
No significa únicamente abrir las puertas de un despacho. Supone recuperar la idea de la Diputación como la casa de los alcaldes, especialmente de aquellos pequeños municipios que carecen de estructura administrativa, recursos económicos o capacidad técnica suficiente para afrontar por sí solos sus necesidades. Y en ese escenario el perfil de Mingo encaja especialmente.
Un presidente que viene de ser alcalde
David Mingo no aterriza en la Presidencia después de desarrollar su trayectoria exclusivamente dentro de las estructuras provinciales. Llega después de años gestionando directamente un ayuntamiento, primero desde diferentes responsabilidades municipales y desde 2015 como alcalde de Santa Marta.
Conoce, por tanto, lo que significa llamar a la puerta de otras administraciones, buscar financiación para proyectos que un municipio no puede asumir por sí solo, desbloquear expedientes, reclamar inversiones y enfrentarse diariamente a problemas que para un vecino no admiten explicaciones burocráticas: simplemente necesitan una solución.
Ese origen municipal puede convertirse en una de las señas de identidad de su Presidencia.
También cuenta con un respaldo electoral incontestable en su municipio. En 2023 logró 12 de los 17 concejales de Santa Marta, ampliando la mayoría absoluta conseguida cuatro años antes. Un resultado que consolidó su liderazgo y que llegó después de varios años de transformación del municipio.
Santa Marta como carta de presentación
Porque si Mingo lleva algo bajo el brazo hasta La Salina es precisamente Santa Marta de Tormes como carta de presentación de su modelo de gestión. El municipio que comenzó a gobernar y el actual presentan diferencias importantes.
Durante décadas, Santa Marta cargó con la consideración de ciudad dormitorio de Salamanca. Una localidad a la que muchas familias llegaban fundamentalmente porque podían encontrar vivienda a precios más asequibles y permanecer a escasos minutos de la capital.

Cambiar esa percepción ha sido uno de los grandes retos de estos años.
La transformación se ha producido desde diferentes frentes, pero el arte y la cultura han desempeñado un papel fundamental en la construcción de una identidad propia. Murales, museos, esculturas, intervenciones artísticas y una programación cultural creciente han permitido generar una imagen diferente del municipio y, sobre todo, reforzar entre los propios vecinos un sentimiento de pertenencia que anteriormente tenía mucha menor presencia.
La recuperación de los espacios naturales ha contribuido también a esa transformación. La Isla del Soto, el paseo fluvial de La Fontana o el paseo José Bernis son ejemplos de espacios recuperados y puestos al servicio de los ciudadanos, integrando el río y el entorno natural en la vida cotidiana de Santa Marta.
Resolver problemas que parecían enquistados
La otra parte del modelo ha sido menos visible, pero posiblemente más importante para los vecinos.
Durante estos años se han afrontado problemas históricos relacionados con el abastecimiento y las infraestructuras hidráulicas. La conexión con la red de agua de Salamanca y la renovación progresiva de buena parte de las redes municipales han permitido actuar sobre una cuestión que llevaba décadas condicionando al municipio.
A ello se ha sumado la capacidad para captar financiación procedente de otras administraciones, multiplicando las posibilidades de inversión de un ayuntamiento que por sí solo difícilmente podría afrontar algunos de estos proyectos. Esa experiencia resulta especialmente significativa ahora.
Porque buena parte de los pequeños ayuntamientos de Salamanca se enfrentan precisamente al mismo problema: tienen proyectos y necesidades, pero carecen de recursos económicos, técnicos o administrativos para ejecutarlos.
Ahí es donde una Diputación cercana puede marcar diferencias.
Comercio, deporte, vivienda y actividad económica
La transformación de Santa Marta tampoco puede entenderse únicamente desde las grandes infraestructuras.
La defensa del comercio y la hostelería local, la mejora de los espacios públicos, el crecimiento de los servicios y la apuesta por el deporte han acompañado el proceso.
Santa Marta cuenta actualmente con clubes con importante presencia regional, especialmente en fútbol y baloncesto, mientras que sus instalaciones deportivas se han ampliado y especializado durante los últimos años. La creación de la zona de raqueta de La Fontana es uno de los ejemplos de esa estrategia.
A ello se suman los proyectos de vivienda destinada a jóvenes, fundamentales para facilitar que las nuevas generaciones puedan permanecer en el municipio, y la apuesta por atraer actividad económica y empresarial. El resultado es un municipio cuya posición respecto a Salamanca ha cambiado.
La cercanía con la capital continúa siendo uno de sus principales activos, pero ahora se combina con buenas comunicaciones, proximidad a las principales zonas comerciales de la provincia, instalaciones deportivas, espacios naturales, actividad cultural y un catálogo creciente de servicios.
Santa Marta ha intentado dejar de competir únicamente por precio de vivienda para hacerlo también por calidad de vida.
Del despacho del alcalde al de todos los alcaldes
Y precisamente ahí puede encontrarse una de las claves de la nueva etapa provincial. Mingo conoce la Diputación, ya que ha ejercido durante los úlitmos años como Vicepresidente Pirmero y diputado de Cultura, pero sobre todo conoce el otro lado de la mesa. Sabe lo que significa ser alcalde y necesitar que una administración superior atienda una llamada, desbloquee una ayuda o ayude a encontrar una solución.

Ese conocimiento explica buena parte de las expectativas generadas por su llegada.
El cambio que esperan quienes reclamaban una nueva etapa no pasa únicamente por nuevos proyectos o inversiones. Es también un cambio de actitud: una Presidencia más accesible, menos blindada y con mayor presencia entre los alcaldes y concejales de la provincia.
Una Diputación que escuche antes de decidir y que vuelva a situar las necesidades de los municipios en el centro de su funcionamiento.
El desafío será especialmente importante en los pueblos pequeños, donde un alcalde dispone muchas veces de escasos medios y donde una llamada atendida, una gestión administrativa o una subvención pueden determinar que un proyecto salga adelante o permanezca durante años guardado en un cajón.
Santa Marta seguirá en su horizonte
La llegada a la Diputación tampoco supondrá, al menos de momento, la despedida de Santa Marta.
Mingo ha trasladado su intención de compatibilizar la Presidencia de la institución provincial con la Alcaldía y también su voluntad de volver a presentarse como candidato en las elecciones municipales de 2027. La decisión permite interpretar su nueva responsabilidad no como una ruptura con su trayectoria municipal, sino como una prolongación de ella.
Después de años construyendo su perfil político desde un ayuntamiento, David Mingo llega ahora a una institución cuya razón de ser son precisamente los ayuntamientos.
Cambia la dimensión, pero no necesariamente la filosofía.
De escuchar a los vecinos de Santa Marta a escuchar a los alcaldes de toda Salamanca. De buscar financiación para transformar un municipio a administrar una institución con capacidad para transformar muchos. De resolver los problemas cotidianos de una localidad a intentar responder a las necesidades de toda una provincia.

La expectativa que acompaña su llegada es precisamente esa: que La Salina vuelva a percibirse como una institución cercana, accesible y útil para sus alcaldes y sus pueblos.
El tiempo determinará hasta dónde llega el cambio. Pero la llegada de David Mingo abre una etapa en la que muchos esperan que tres verbos recuperen protagonismo en la Diputación de Salamanca: escuchar, atender y solucionar.






