La atención a la dependencia, el programa A Gusto en Casa, la residencia municipal y las viviendas de la red construyen una alternativa para que los mayores puedan continuar viviendo en su entorno.
Hay una escena cotidiana que explica mejor que cualquier estadística lo que San Esteban de la Sierra quiere conseguir. Una persona mayor abre por la mañana la puerta de su casa, sale a la misma calle por la que lleva caminando décadas, saluda a sus vecinos y continúa formando parte de la vida del pueblo.
Puede parecer algo normal. El problema llega cuando esa persona comienza a necesitar ayuda para desenvolverse en su día a día.
Durante demasiado tiempo, especialmente en el medio rural, la aparición de la dependencia ha podido terminar planteando una decisión difícil para muchas familias: cómo garantizar los cuidados necesarios sin que la persona mayor tenga que abandonar su vivienda y, en ocasiones, también su localidad.
San Esteban de la Sierra está intentando construir una respuesta diferente.
El trabajo desarrollado en los últimos años en materia de bienestar social, dependencia y atención a los mayores ha convertido al municipio salmantino en un ejemplo de esa nueva forma de entender los cuidados. El objetivo no es únicamente prestar un servicio, sino conseguir que cada persona pueda permanecer el mayor tiempo posible en el lugar en el que quiere vivir.
Ese modelo ha recibido ahora un reconocimiento nacional en Madrid de la Asociación Estatal de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales, recogido por el alcalde de San Esteban de la Sierra, Antonio Labrador, y relacionado con A Gusto en Casa y el Índice DEC 2025. Pero el premio es solo la parte visible.
Los cuidados como herramienta contra el desarraigo
El verdadero desafío está dentro del pueblo. San Esteban cuenta con diferentes recursos destinados a atender las necesidades de sus mayores, entre ellos la residencia municipal, las viviendas integradas en la red de atención y los servicios vinculados al programa A Gusto en Casa.
Son diferentes piezas de una misma estrategia que persigue adaptar los cuidados a las circunstancias de cada persona y retrasar o evitar, siempre que sea posible, que tenga que abandonar su entorno.
Porque detrás de la dependencia existe también un componente emocional que resulta especialmente importante en los pequeños municipios.
La casa no es únicamente una vivienda. Es el lugar donde alguien puede haber pasado buena parte de su vida. Alrededor están sus vecinos, sus recuerdos, las calles que conoce, la plaza, los establecimientos habituales y una red de relaciones personales construida durante décadas.
Perder ese entorno puede significar mucho más que cambiar de domicilio.
Antonio Labrador lo ha resumido durante la entrega del reconocimiento con una frase que define la filosofía del proyecto: «Envejecer no debería significar tener que marcharse«.
El planteamiento es que los cuidados lleguen hasta las personas y no sean siempre las personas quienes tengan que desplazarse para encontrarlos.
El reto de hacerse mayor en un pueblo
La cuestión adquiere todavía mayor importancia en el medio rural. Los pequeños municipios llevan décadas afrontando simultáneamente el envejecimiento de su población y la pérdida de habitantes. Mantener servicios cuando disminuye la población resulta complicado, pero la desaparición de esos mismos servicios puede acelerar todavía más el proceso.
Cuando un vecino mayor debe marcharse porque ya no encuentra respuesta a sus necesidades, el pueblo pierde también población, actividad y vínculos familiares.
Por eso, los servicios destinados a los mayores pueden convertirse también en una herramienta para mantener población en los municipios rurales.
San Esteban quiere romper además con la idea de que vivir en un pueblo pequeño supone necesariamente disponer de menos alternativas cuando aparece la dependencia.
Durante su intervención en Madrid, Labrador defendió precisamente que el medio rural también puede innovar, cuidar y ofrecer calidad de vida, y que vivir en él no debería significar disponer de menos derechos u oportunidades.
Una generación que construyó el pueblo
Existe además una cuestión de reciprocidad. Buena parte de quienes hoy necesitan o necesitarán estos servicios pertenecen a generaciones que han desarrollado prácticamente toda su vida en San Esteban de la Sierra.
Trabajaron sus campos, viñedos y olivos, levantaron familias, conservaron las tradiciones y mantuvieron vivo el municipio durante décadas. Ahora el desafío es conseguir que puedan seguir formando parte de él cuando llegue el momento en que necesiten ayuda.
«Nosotros somos lo que somos gracias a nuestros mayores», ha recordado Labrador durante su intervención, antes de señalar que corresponde a las generaciones actuales cuidar ahora de quienes construyeron el pueblo.
Atención, compañía y tranquilidad para las familias
El modelo tiene otra consecuencia importante que trasciende a la propia persona mayor. La dependencia afecta también a las familias.
Disponer de atención profesional y recursos cercanos puede proporcionar seguridad a la persona atendida y tranquilidad a sus familiares, especialmente cuando estos no residen en el mismo municipio o no pueden asumir por sí solos todos los cuidados.
Ahí adquieren importancia los profesionales que hacen posible que programas como A Gusto en Casa pasen del diseño a la atención cotidiana.
Labrador quiso reconocer expresamente su trabajo y la apuesta de la Junta de Castilla y León por el programa, destacando su capacidad para convertirse diariamente en atención, compañía y tranquilidad para numerosas personas y familias.
Un premio que pertenece a los mayores
Por eso, el reconocimiento recogido en Madrid tiene una lectura diferente cuando se observa desde San Esteban de la Sierra.
No se trata únicamente de colocar el nombre del municipio junto a un premio.
Supone respaldar una manera de entender el futuro de los pequeños pueblos en la que los servicios sociales son también una infraestructura esencial, al mismo nivel que muchas de las actuaciones tradicionalmente consideradas necesarias para mantener la calidad de vida.
El propio alcalde quiso entregar simbólicamente el reconocimiento a los mayores de San Esteban.
“Este premio es vuestro. Es el reconocimiento a vuestro esfuerzo, a vuestra vida y también a vuestro derecho a seguir viviendo en el lugar que habéis elegido”, afirmó. Y ahí está probablemente la clave de todo el proyecto. Que una persona pueda necesitar ayuda para levantarse, preparar una comida, realizar determinadas tareas o afrontar las dificultades propias de la edad sin que eso suponga automáticamente despedirse de su casa.
Que pueda seguir abriendo la misma puerta. Encontrándose con la misma calle. Saludando a sus vecinos. Y sintiendo que continúa perteneciendo a su comunidad.
San Esteban de la Sierra quiere ser un pueblo en el que merezca la pena nacer, crecer y vivir, pero también un lugar en el que sea posible hacerse mayor sintiéndose cuidado.






