La Isla del Soto, el paseo fluvial de La Fontana, el paseo Francisco Bernis y la ruta de Los Puentes del Arte conforman un amplio corredor natural junto al río donde naturaleza, deporte y cultura se dan la mano y que atrae a vecinos de Santa Marta, Salamanca y otros puntos de la provincia.
Santa Marta de Tormes ha encontrado en el río uno de sus grandes elementos de identidad. A apenas unos minutos de Salamanca, el municipio cuenta con una sucesión de espacios naturales que permiten caminar, correr, montar en bicicleta, disfrutar en familia o, sencillamente, alejarse durante unas horas del asfalto. Un corredor verde que tiene como gran protagonista a la Isla del Soto, pero que se prolonga a través del paseo Francisco Bernis, el paseo fluvial de La Fontana y la ruta de Los Puentes del Arte.
El resultado es una de las propuestas de ocio al aire libre más completas del entorno de la capital salmantina. No se trata únicamente de disponer de zonas verdes. La singularidad del modelo desarrollado en Santa Marta está en la convivencia entre naturaleza, cultura, arte contemporáneo, educación ambiental y práctica deportiva.
El Tormes funciona como hilo conductor de todo el conjunto. Sus caminos y paseos son utilizados habitualmente por quienes salen a correr o caminar, por ciclistas, familias y personas que buscan un entorno natural próximo a la ciudad. La propia ruta de Los Puentes del Arte está concebida para realizarse tanto caminando como en bicicleta, recorriendo zonas naturales, pasarelas y espacios vinculados a la observación de la naturaleza.
La Isla del Soto, el corazón verde de Santa Marta
Dentro de este gran corredor natural hay un lugar que sobresale sobre todos los demás. La Isla del Soto constituye el gran referente medioambiental de Santa Marta y uno de los espacios verdes más singulares del entorno de Salamanca.

Son 14 hectáreas de naturaleza en pleno cauce del río Tormes, un espacio de ribera que permite adentrarse entre vegetación y fauna a muy poca distancia de una de las principales áreas urbanas de la provincia. El propio Centro de Interpretación describe el paraje como un lugar donde conocer el bosque de ribera, interpretar su vegetación y descubrir la fauna asociada al río.
Su importancia está precisamente en esa combinación entre proximidad y sensación de inmersión en la naturaleza. Santa Marta se encuentra pegada a Salamanca y forma parte de una de las zonas más pobladas de la provincia, pero basta acercarse hasta la isla para cambiar por completo de escenario.
Los caminos, los árboles, el sonido del agua y la vegetación de ribera convierten este enclave en un lugar especialmente atractivo para caminar. Pero también para hacer ejercicio. Corredores, ciclistas y caminantes forman parte habitual del paisaje de la Isla del Soto, especialmente durante las primeras y últimas horas del día y los fines de semana.
Y ese uso supera ampliamente los límites del propio municipio.
La proximidad con Salamanca y la conexión de los recorridos fluviales han convertido progresivamente este entorno en un punto de encuentro para vecinos de Santa Marta, de la capital y de otros municipios del alfoz y de la provincia. La buena acogida de las actividades organizadas en el espacio lo confirma: la primera visita guiada por Los Puentes del Arte reunió a más de medio centenar de participantes interesados en descubrir este paisaje desde una nueva perspectiva.
Un espacio natural que también se ha convertido en museo
Pero hablar hoy de la Isla del Soto únicamente como espacio natural sería quedarse a mitad de camino.
Santa Marta ha convertido progresivamente la isla en un gran escenario cultural al aire libre, integrando diferentes manifestaciones artísticas dentro del paisaje sin arrebatarle a la naturaleza su protagonismo.

Uno de los proyectos que mejor representa esta filosofía es Arte Emboscado, una iniciativa en la que las esculturas aparecen entre árboles, caminos y espacios próximos al río.
El visitante puede encontrarse con ‘Wenceslao’, un pájaro carpintero de 6,5 metros; ‘Adelita’, una garza de 4,5 metros; las 28 hormigas ‘Matildas’ o ‘Martín’, un martín pescador de cinco metros situado en el paseo Francisco Bernis. A ellos se suma ‘Bandada’, una gran pieza de seis metros de altura y casi siete de anchura instalada junto al paseo. Todas estas obras son creación de la artista Coral Corona.
La propuesta transforma una caminata por el entorno del Tormes en algo diferente. Las obras no están concentradas dentro de un edificio, sino que hay que descubrirlas mientras se recorre el paisaje.
Naturaleza y cultura dejan así de ser dos propuestas independientes.
Quien sale a correr puede encontrarse con una enorme garza de hierro. Quien pasea con los niños puede buscar las hormigas junto al Centro de Interpretación. Quien atraviesa el paseo Francisco Bernis puede descubrir el martín pescador o detenerse ante uno de los murales.El paisaje se convierte en museo y el museo sale al paisaje.
Murales entre puentes y caminos
Ese concepto se ha extendido más allá de la propia isla con Los Puentes del Arte, uno de los proyectos que mejor resume la transformación experimentada por todo el corredor del Tormes.
La ruta tiene 4,6 kilómetros y está preparada para recorrerla a pie o en bicicleta, conectando diferentes espacios de la ribera y pasando por la Isla del Soto hasta enlazar con el paseo Francisco Bernis.

Durante el recorrido, los puentes dejan de ser simples infraestructuras.
Los pilares y muros se han transformado en grandes lienzos gracias a los murales realizados por el artista local Rober Bece, con motivos relacionados con la flora, la fauna y los paisajes que rodean al propio visitante.
De esta manera, el arte urbano se integra en un escenario que aparentemente podría parecerle ajeno.
El hormigón de los puentes convive con el río. Los murales dialogan con los árboles y las aves. Las esculturas aparecen entre la vegetación. Y todo ello puede contemplarse mientras se realiza deporte o se disfruta de un paseo.
La ruta permite además recorrer Santa Marta desde una perspectiva diferente, siguiendo el curso del Tormes y evitando durante buena parte del itinerario el tráfico y el paisaje urbano convencional.
El paseo fluvial de La Fontana amplía el corredor verde
La red natural de Santa Marta no termina en la Isla del Soto.
El paseo fluvial de La Fontana representa otra pieza importante de este entramado de caminos y espacios verdes. Su integración dentro de Los Puentes del Arte permite prolongar los recorridos y generar itinerarios más largos, especialmente interesantes para corredores, caminantes y ciclistas.
La conexión entre estos espacios es fundamental porque permite pasar de pequeños paseos aislados a configurar un verdadero corredor natural continuo.
Además, esta red continúa creciendo. La recuperación de la Ruta Arroyo Requesenes, con aproximadamente 800 metros, permite enlazar la avenida Zamora y los huertos urbanos con La Fontana, La Raqueta, la calle Ámsterdam y el paseo fluvial. Desde allí se puede continuar hacia Los Puentes del Arte, el paseo Francisco Bernis y la Isla del Soto.

El resultado permite diseñar recorridos de diferente longitud dependiendo del tiempo disponible o de la actividad que quiera realizar cada usuario.
Un paseo corto, una caminata de varios kilómetros, un entrenamiento de carrera, una salida en bicicleta o una mañana familiar pueden compartir prácticamente el mismo escenario.
El paseo Francisco Bernis, naturaleza junto al casco urbano
Otra de las piezas fundamentales es el paseo Francisco Bernis Madrazo, denominado así en recuerdo del prestigioso biólogo y ornitólogo salmantino.
El espacio actúa como transición entre diferentes puntos del corredor natural y refuerza especialmente la vinculación entre ornitología, paisaje y arte.
Allí se encuentra, por ejemplo, el gran martín pescador de Arte Emboscado, además de un mural urbano integrado en el entorno natural. Muy próxima se levanta también ‘Bandada’, una gran composición de aves que completa este itinerario artístico.
El paseo Bernis ejemplifica otro de los rasgos que definen la propuesta santamartina: no es necesario abandonar el entorno urbano durante kilómetros para encontrar naturaleza.
El río y sus riberas penetran prácticamente en la vida cotidiana del municipio.
El Centro de Interpretación, conocer el río para entender Santa Marta
En medio de todo este escenario se encuentra el Centro de Interpretación de la Isla del Soto, que añade una dimensión histórica y educativa a la visita. Porque el Tormes no es únicamente paisaje.

Durante generaciones fue también fuente de trabajo y supervivencia. Areneros, hortelanos, lavanderas, molineros, pescadores o actividades ganaderas estuvieron estrechamente relacionados con el río.
El Centro de Interpretación recupera esa memoria mediante contenidos etnográficos, espacios de proyección y formación y propuestas artísticas que ayudan a comprender cómo ha evolucionado la relación entre los habitantes de Santa Marta y el Tormes.
De esta manera, una visita a la Isla del Soto puede convertirse también en una aproximación a la historia local.
La Sala Miguel Delibes lleva el arte al corazón de la isla
Esa apuesta cultural tiene otro de sus puntos destacados en la Sala de Exposiciones Miguel Delibes, ubicada en el propio Centro de Interpretación.
Su localización es especialmente significativa: una sala de exposiciones en mitad de un gran espacio natural.
Durante los últimos años ha servido para desarrollar proyectos en los que el medio ambiente deja de ser simplemente el escenario para convertirse en materia artística e inspiración.
Uno de los ejemplos más importantes ha sido ‘Arte y Biodiversidad en la Isla del Soto’, un proyecto desarrollado durante dos años que ha utilizado la creación artística para poner en valor la flora, la fauna y la singularidad paisajística del enclave. La iniciativa culminó en julio de 2026 después de sucesivas exposiciones y de la participación de cerca de un centenar de artistas.
Fotografía, pintura, grabado, ilustración, collage, poesía visual, dibujo y técnicas mixtas han servido para interpretar la biodiversidad desde perspectivas muy diferentes.
Es otra forma de mirar la Isla del Soto. Primero se puede recorrer el bosque. Después contemplarlo convertido en obra artística.
Naturaleza para hacer deporte
Sin embargo, buena parte del éxito de estos espacios se explica por algo mucho más cotidiano: son lugares para vivirlos todos los días. No hace falta una exposición, una visita guiada ni una actividad organizada para acercarse hasta ellos. La práctica deportiva se ha convertido en uno de sus grandes usos.
La continuidad de los caminos permite acumular kilómetros andando, corriendo o en bicicleta y adaptar los recorridos a las condiciones físicas de cada persona.

Eso convierte el entorno en una especie de gran instalación deportiva natural y abierta, sin horarios ni necesidad de reservar una pista.
Hay quien recorre la ribera buscando mejorar tiempos. Quien camina por salud. Quien utiliza la bicicleta. Quien simplemente pasea. Y también familias que convierten la Isla del Soto en destino para pasar parte de la mañana o de la tarde.
Es precisamente esa variedad de usuarios la que mantiene vivo el espacio.
Un punto de encuentro entre Santa Marta y Salamanca
La importancia de estos recorridos adquiere todavía más dimensión por la posición geográfica de Santa Marta.
La continuidad urbana con Salamanca y la presencia del Tormes como elemento común permiten que los espacios naturales santamartinos tengan una utilización claramente metropolitana.
La propia filosofía de Los Puentes del Arte parte de esa relación histórica entre ambas localidades y utiliza el río como elemento de conexión.
Así, la Isla del Soto ha dejado de ser únicamente el gran parque natural de Santa Marta.
Se ha convertido en un espacio verde de referencia para todo el entorno de Salamanca, especialmente para quienes buscan alternativas gratuitas y al aire libre a escasos minutos de la ciudad.
Un paisaje para cada época del año
Una de las grandes ventajas del entorno fluvial es además su capacidad para cambiar. La Isla del Soto no ofrece exactamente el mismo paisaje en enero que en mayo, ni tiene los mismos colores en verano que durante el otoño. Cada estación modifica la vegetación, la luz, la presencia de aves y hasta la forma de recorrerla.
Esa transformación permanente invita a regresar.

Y ayuda a entender por qué el valor de estos espacios va mucho más allá de una actuación urbanística o turística. Un espacio natural funciona cuando forma parte de los hábitos de las personas.
En Santa Marta eso ocurre cada día.
Un gran corredor natural, cultural y deportivo
La suma de todos estos recursos dibuja una nueva manera de entender el municipio.
Isla del Soto, paseo Francisco Bernis, paseo fluvial de La Fontana y Los Puentes del Arte forman ya un gran corredor verde ligado al Tormes, al que se incorporan otros pequeños recorridos y conexiones.
En su interior conviven árboles y esculturas, corredores y visitantes, murales y aves, bicicletas y exposiciones.
La cultura no necesita encerrarse entre cuatro paredes. El deporte no necesita siempre instalaciones convencionales. Y disfrutar de la naturaleza no obliga a realizar grandes desplazamientos.
Santa Marta ha encontrado precisamente en esa combinación una de sus principales singularidades.
La Isla del Soto continúa siendo el epicentro, el gran pulmón verde y la imagen más reconocible de este modelo. Pero su verdadero potencial aparece cuando se observa como parte de una red mucho mayor que permite recorrer kilómetros junto al Tormes y descubrir, casi al mismo tiempo, paisaje, biodiversidad, patrimonio, arte contemporáneo y espacios para la práctica deportiva.
Un enorme escenario natural a las puertas de Salamanca que demuestra que el río no separa territorios: los conecta.






